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El Consultorio del Dr. Coatings

Aísla y vencerás

Lo primero y más importante a la hora de armar una estrategia de guerra es conocer a tu adversario, cómo opera, cuál es su forma de ataque y en dónde encontramos sus puntos débiles.

 

Ahora que entendemos a grandes rasgos como se produce el fenómeno de la corrosión, nos queda plantear nuestras tácticas y estrategias para menguar su efecto. Ánodo, cátodo, puente metálico y electrolito completan el circuito de paso de electrones que a su vez transforma la naturaleza de los elementos que lo conforman, dando paso al proceso corrosivo.

Ya aprendimos que el acero, en su naturaleza de aleación, contiene en sí mismo, el ánodo, cátodo y puente metálico. Sale de la fundición, listo para enfrentarse a su medio y empezar el proceso corrosivo, el cual, como ya sabemos se irá acrecentando en la medida que aumente la concentración de sal del electrolito formado.

De esta manera, la forma más práctica de detener el proceso corrosivo es abrir el circuito metálico, aislar el sustrato del medio ambiente, que contiene humedad y sales para separar nuestra aleación del electrolito. Para esto necesitamos aplicar sobre la superficie, un revestimiento líquido que forme una película endurecida luego de su proceso de secado y que sea lo suficientemente impermeable para cumplir la función deseada.

Este mecanismo de protección, también llamado “capa barrera” se vera complementado con otras “tácticas de guerra” durante el diseño de una estrategia ganadora, según sea el caso en el que nos encontremos.

Debemos tener en cuenta las siguientes reglas de oro:

  1. Toda protección por capa barrera será más efectiva en cuanto mayor sea el espesor del recubrimiento aplicado.
  2. Ningún recubrimiento es 100% impermeable; con el tiempo, los contaminantes del medio ambiente van a llegar al sustrato.
  3. El recubrimiento perderá impermeabilidad con el tiempo y en tanto este expuesto a la agresividad del medio ambiente (abrasión, luz uv, contacto químico, etc).

Como ya mencionamos antes, el acero empieza a sufrir el ataque corrosivo del medio desde que sale de la fundición, puesto que encontramos sales en el medio ambiente (sea en mayor o menor proporción). Como todos sabemos, el acero (en forma de vigas, tuberías, planchas de un tanque) va a ser transportado a un almacén de paso en las instalaciones de la planta metalmecánica y en el mejor de los casos (crucemos los dedos) va a ser cubierto con un plástico, como un intento de evitar el depósito de sales (lo cual es imposible evitarse del todo).

Por esta razón debemos de lavar el sustrato a trabajar con abundante agua dulce, como primer paso a todo el proceso de protección anticorrosiva. Si existen contaminantes grasos o químicos en la superficie, se debe de considerar el uso de un detergente industrial adecuado (nunca olvides que es mejor trabajar con productos biodegradables).

De esta forma, la primera batalla contra la corrosión la vamos a ganar construyendo una muralla adecuada alrededor de lo que queremos proteger, pero previamente, debemos de retirar a esos soldados enemigos que se pudieron haber infiltrado antes de la batalla.

Continuará…

Jose Manuel Guizado

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